miércoles, 6 de junio de 2007

Suena, tango compañero



Suena, tango compañero
Jesús Vallejo Mejía

"El Mundo Semanal" ha queri­do asociarse a la celebración del cincuentenario de la muerte de Carlos Gardel convocando este foro para discutir sobre lo que repre­sentan el zorzal criollo y el tango para la gente de hoy y cuales pueden ser los pronós­ticos sobre su vigencia para el futuro próxi­mo. A fuer de gardeliano y tangófilo impe­nitente, se me ha solicitado hacer una pre­sentación de los temas principales que podrían ser objeto de análisis en esta opor­tunidad.
El primero de ellos se refiere, obviamente, a la cuestión de por qué gastar tiempo ocu­pándose de un cantor popular y de un géne­ro musical que se sitúa dentro de lo que no sin displicencia suele denominarse el "arte menor", cuando hay tantas otras cosas im­portantes que requieren atención. Antici­pando algunas opiniones que seguramente abonarán los interlocutores de este foro, hay que observar que el hecho de que un cantante popular y el género que él cultivó más asiduamente hayan mantenido vigen­cia por más de medio siglo en el mundo lati­noamericano, constituye un indicio signifi­cativo sobre el modo de ser de nuestra gen­te, que se identifica en buena medida con aquéllos. De esa manera, explorar estos te­mas conduce a inquirir sobre la sensibilidad y las actitudes vitales de nuestro pueblo. Este planteamiento da lugar a otro: ¿qué explica la vigencia de Gardel y el tango? No ha faltado quien diga que el mito garde­liano es hijo de la manipulación publicita­ria, de suerte que sin una hábil promoción de su figura por las casas cinematográficas y las disqueras, hace años que Gardel habría pasado al olvido. Habría así una in­dustria del mito, promotora del llanto co­lectivo, interesada en extraer jugosos divi­dendos de la sensibilidad popular y la cursi­lería de la gente común. Sin negar lo que puede haber de cierto en estas apre­ciaciones, el hecho de haber resistido a la fugacidad de las modas por tanto tiempo sugiere que esa vigencia se funda en algo mas serio que una confabulación de intere­ses comerciales. Algo hay en el producto y en sus consumidores que sirve de sustento a relación tan prolongada. Al hablar de la vigencia de Gardel y del tan­go se hace necesario distinguir lo uno de lo otro. En efecto, a pesar de la compenetra­ción tan intensa que ha habido entre la can­ción ciudadana y su máximo intérprete vo­cal, existen diferencias notables entre el fe­nómeno tango y el hecho gardeliano. El tango se popularizó inicialmente como una danza que a príncipes de siglo se veía como algo exótico y audaz. Ello explica que los primeros tangos famosos lo fueran por su música y que antes de que hubiera canto­res célebres ya existieran las orquestas típi­cas, basadas en el esquema de cuerdas, ban­doneones, bajo y piano. De esa suerte, el tango instrumental ejecutado por con­juntos característicos que lo fueron refinan-do hasta el punto de hacerlo apto no sólo para el baile sino para la audición musical, explica en buena medida la permanencia del género, que se vio afianzado por la feliz combinación que principalmente en las dé­cadas del 40 y del 50 se dio entre orquestas típicas y cantantes, con binomios que ya son legendarios: Troilo-Fiorentino; Di Sarli-Rufino; D'Agostino-Vargas; Tanturi-Castillo; Caló-Iriarte; Demare-Berón, etc...

Gardel Folclorísta
Por otra parte, Oardel no fue únicamente un gran cantor de tangos, así se lo llamara internacionalmente "el rey del tango". También fue un excelente folclorista, bien haciendo dúo con José Razzano o corno cantor solista. El género "criollo", integra­do por zambas, vidalitas, tonadas, estilos, cifras, gatos, triunfos, cuecas, chacareras o valses, predominó en su repertorio hasta el año de 1922 y siempre estuvo presente en sus actuaciones. Un buen tema a discutir es precisamente el de la importancia de Gardel en la música folclórica argentina, en la que dicho sea dé paso gustaba, más que en el tango, de lucir su virtuosismo canoro. Por otra parte, en sus últimos años quiso pro­yectarse como cantor internacional, por lo que grabó varios discos con canciones fran­cesas e incluyó en sus películas rumbas, val­ses y canciones melódicas, fuera de que su repertorio tanguístico adoptó un sabor que desbordaba el localismo porteño. Bueno es observar que antes de Gardel hu­bo otros cantantes de tango, pues su identi­ficación con el género sólo se hizo patente en 1923. Así mismo su reinado no fue exclusivo y tuvo que compartir laureles con Ignacio Corsini y Agustín Magaldi, entre otros. Sin embargo, el modo gardeliano es el que mayor influencia ha tenido en la interpretación vocal del tango y vale la pena señalar cuáles fueron sus característi­cas sobresalientes.
A Gardel se le oye todavía por la calidad de su voz y por la riqueza de su temperamento artístico, amén de su atractiva y diríase que arrolladora personalidad. Estaba dotado de un vigoroso registro de barítono brillante, capaz de cubrir dos octavas y de pasar fácil­mente de los tonos agudos a los graves sin perder afinación. Su estilo era sobrio, di­recto y expresivo; su canto fluía espontáne­amente y se amoldaba a las exigencias de los argumentos de sus letras, tratando de manifestar a cabalidad la intención de cada una de ellas. Podía ser entonces sentimen­tal, dramático, festivo, amoroso, arrabale­ro, doliente, reflexivo, irónico, eufórico, vehemente o compasivo, según conviniera al texto a interpretar. La versatilidad es un de los secretos de su éxito. Otro, su buen gusto musical, lo que le ha permitido afir­mar a Piazzolla que a Gardel se le podrá es­cuchar siempre, a pesar de la deplorable ca­lidad de muchas de las letras que cantaba. Y esto plantea un tema que puede constituir el fondo del debate: ¿cuál es el mensaje que transmiten las letras de tango? ¿qué sentido tiene lo que han cantado Gardel y sus seguidores? ¿Qué valor asignarle a la expre­sión literaria del tango? ¿Qué puede decirle a la gente de hoy?

Tango y metafísica
Esto ha dado lugar a las más encontradas polémicas. Para unos, los tangos no dejan de ser "casos de policía con letra", lamen­tos cobardes, torrentes de cursilería. Un so­ciólogo argentino se dedicó alguna vez a analizar el mundo de las letras que cantaba Gareleí y se encontró con que ahí predomi­naban los temas canallescos, las actitudes cínicas y amorales, las historias de rufianes, hampones y mujeres de vida airada, etc... Sin embargo, un intelectual de la talla de Ernesto Sábato ha señalado que esos humil­des leírislas de tango "hacían metafísica sin saberlo", al tocar temas como la soledad, la frustración, el desarraigo, el sino, la fugacidad de la vida, la disolución que opera el tiempo, etc... Por eso un estudioso del género. José Gobello, observa que la gente común se ha identificado con los personajes de los tangos no por lo que ellos hacen, que desde luego no coincide con lo que a cada uno de nosotros nos pasa, sino porque en los tangos se narra la pugna del ser humano con su destino. Es gente que, como en el tango de Discépolo, "lucha y se desangra". Contra la idea de que los sentimientos que excita son ruines y mezquinos, Aníbal Troilo, que para no pocos es a la música lo que Gardel para el canto, afirmaba que en el tango predominan la nostalgia y la ternu­ra, lo que le confiere entonces un valor per­manente.
Aceptando que se trata de literatura popu­lar, que no puede ser juzgada a la luz de cá­nones rigurosos, cabe decir que el tango ha adoptado un modo de expresión peculiar, a la vez intimista y descriptivo, un lenguaje que combina lo poético con lo prosaico y, sobre todo, ha creado un mundo del que di­jo Borges en alguna ocasión que podría ca­lificarse como una comedia humana en to­no menor. Los actores, los escenarios y la trama de esa comedia, así como la forma como se la ha relatado, pueden dar pie para muchos análisis. En general se considera que es un retrato burdo y pintoresco de cierta época de Buenos Aires, su gente y sus contornos. Ese "mundo de tango" merece consideración especial, asi sea únicamente por su originalidad y su variedad. Pero aquí debe uno preguntarse no sólo si es cierto que expresa una concepción de la vida de la gente sencilla, sino sobre tas pautas que les ha brindado a sus oyentes para interpretar sus propios problemas vitales. El tango es confidente; muchos se identifi­can con él. Pero también cuenta historias y da consejos, lo que conduce a que haya quienes miren la vida con el lente que aquél les brinda. La calidad de ese compañero, es desde luego, tema de discusión.

Los ecos del tango
Otro tema importante, para terminar, es el de si el tango y, concretamente, Gardel, pueden seguir diciendo algo para la gente de hoy. ¿Cuál es la actualidad de su mensa­je, fuera de servir de testimonio del pasa­do? Es evidente el contraste del tango, en sus letras, en su música o en sus expresiones vocal y coreográfica, con el mundo de la música popular actual. Ha habido cierta­mente intentos de aproximación e integra­ción entre esos dos mundos, como lo muestra, por un lado, Astor Piazzolla y, por otro, Susana Rinaldi. Pero la objeción se alza de inmediato: lo que ellos hacen no es tango sino música del Buenos Aires de ahora: Yo me siento tentado, sin descono­cer sus grandes méritos, a avalar esa obje­ción. Está bien lo de Piazzolla y la Rinaldi: es novedoso y original, condescendiente con lo de hoy que es el rock y la balada; es música de una ciudad congestionada y febril. Pero ya no es la voz de ese "hijo ma­levo, tristón y canyengue que nació en la miseria del viejo arrabal". El tiempo de esa voz ya no es el nuestro; sin embargo, sus ecos perduran porque es "como un beso prolongado que viene del corazón".
El Mundo, 15 de Junio de 1985. Medellín









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