miércoles, 13 de junio de 2007

Don Carlos llegó sin regreso


Manos en el fuego

Don Carlos llegó sin regreso

Jaime Jaramillo Panesso

Con rigurosos vientos venidos de todos los costados, llegó Ud. Don Carlos Gardel a Medellín, el 10 de junio de 1935. Vino de la calurosa costa norte colombiana y el sudor grueso le hacía mal para su presentación personal que tanto cuidaba: la corbata, el nudo bien proporcionado, el vestido con pocas arrugas, los zapatos brillantes, el sombrero impecable y ladeado. Toda una pinta bacana, Don Carlos.

Corrieron los curiosos para verlo al aeroparque Olaya Herrera. Las muchachas más despejadas del lugar también. Tuvieron que ir hasta el corregimiento de Guayabal, en donde estaba el paraje Las Playas, como denominaban el campo de aviación. Algunos lo hicieron en automóviles propios y otros en taxis que aparcaban en la Plaza de Berrío. Los hombres usaban sombrero, muchos jovencitos y niños caminaban descalzos por las calles semiempedradas. Usted llegó con sus guitarristas, su secretario y varios amigos que formaban la tropilla. Inclusive mis paisanos creían que lo acompañaba una orquesta, pues así lo anunciaba la prensa escrita, días anteriores. Pero el tango en su voz estuvo acompañado, la mayor parte de las veces, por guitarras, esas que Usted rasgaba no muy bien que digamos. ¡Ah! Pero traía su voz, la que aprendió de Caruso y Titta Ruffo a situarse en la garganta para la mejor canción.

Ese 10 de junio no se imaginó que quince días después se formara una nube en el cielo para dejarlo a Usted allí colgado para siempre, mirando el Valle de Aburrá. Tampoco se imaginó que aquí quedaría su cepillo de dientes retorcido y chamuscado. Y que el reloj apachurrado, recogido entre los escombros, de Alfredo Le Pera, marcara las tres y diez de la tarde.

Le gustó la habitación del Hotel Europa donde se alojó. ¿Recuerda la sorpresa que le produjo el comino crespo del escaparate y cómo era de chico el espejo en donde no alcazaba a reflejarse toda su figura antes de salir a la calle? Lo que no le gustó fue el licor nativo. Apenas si probó un poco de aguardiente de caña gorobeta. Al fin y al cabo Usted tomaba, en pequeñas cantidades, vino y algo de brandy para aclarar la voz. Encontrarse ese licor blanco como la grapa, no le causaba el mejor de los placeres.

Después las visitas de sus admiradoras en la puerta del hotel sobre la carrera Junín, esa callecita estrecha, con vitrinas de almacenes que ofrecían paños ingleses, letines holandeses, hojaldres de Cartago, coletas y percal de la Fábrica de El Hato. Entonces Usted les firmaba autógrafos, con su pluma fuente y la sonrisa eterna repartida a puñaditos.

Tarareaba en la ducha sus canciones, para mejor expresarlas en la función de la noche. El Circo Teatro España, situado en la parte baja del barrio Boston, por la carrera Girardot al cruce con Caracas, era el lugar apropiado, con una cabida máxima de cinco mil personas: palcos a un peso, luneta a sesenta centavos y galería a veinte. Se debía llenar a reventar, pero no fue así. Peor aún en la segunda noche porque llovió. Los medellinenses saben de las aguas intempestivas de junio en lugares destechados y prefirieron no ir. Así que se quedó un día más.


Anduvieron de prisa lo que fueron a verlo y cruzaron los jardines del Circo Teatro España, mientras comentaban, con sarcasmo, los malos tragos del alcalde municipal, Don Jorge Hernández. Llegaron los comerciantes de la plaza mayor y de San Benito, las verduleras del barrio Guayaquil, los obreros del tranvía eléctrico, los trabajadores de la empresa de electricidad, las obreras de las trilladoras de café y de las panaderías, los artesanos del oro, del cuero, los sastres, los talabarteros, los carpinteros y algunos músicos de la calle Guanteros. También asistieron los primeros profesionales universitarios, algunos empleados del gobierno y varios policías que por aquellos tiempos lucían su dotación de polainas de cuero.

Lo demás ya lo sabemos, Don Gardel. Con su vocación de cigarra, con su clavel del aire, con su barrio plateado por la luna, y con su sentir que es un soplo la vida, la muerte lo atropelló con un accidente de motores aéreos, de gasolina inflamable. Antes estuvo en Bogotá donde cantó sus últimos tangos. Volvió una tarde de paso hacia Cali, para entrar, borracho de emoción, “al territorio del mito donde vagan los dioses desterrados”. Obvio Don Carlos que nadie lo llora. Basta ver sus teclas dentales y su cabello lustroso como un piano de cola para compartir el gallardo laberinto de su canto encantado. Lo sabemos mejorado del resfriado. Lo vemos mano a mano jugando con las cuerdas vocales en el encordado de una guitarra que se liga a la queja de un bandoneón. De un bandoneón cremado en la canción de la ciudad.

(A los organizadores y auspiciadotes del Festival Internacional de Tango Ciudad de Medellín)

4 comentarios:

tangotangotango dijo...

felicitaciones amigos
a sus ordenes

amilcar

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Clara Koser dijo...

Gardel no es un mito - es una realidad.

Enrique dijo...

Gardel era uruguayo; hay demasiados testimonios del mismo Gardel de su origen y uno sólo, el del testamento, diciendo que era francés. Es obvio que mintió para dejar a Berta como heredera.
Tengo abundantísima información en mi blog.
Enrique
http://la verdadsobregardel.blogspot.com

Today in Tango dijo...

Hola...queria informarles que e creado un blog TODAY IN TANGO...cada dia metemos un evento che paso ese dia en la istoria del tango...casi toda la informacion viene de tu sitio fantastico pero en alto a la derecha hemos indicado "Todo Tango...si quieren mas informacion, cliccen el la foto principal para mas informacion profunda...cuando cliccan la foro los lleva a el sitio de ustedes...dime que piensas y ideas tendrias para mejorarlo

Veras que cada "post" es appogiado de un vido y ademas tiene el segno astrologico (hay una bolla de gente que siguen esta cosa)...bueno, decime lo que piensas y ven a roma a tomar un vaso de vino con nosotros...aqui lo tienes

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