viernes, 4 de mayo de 2007

Gardel - Joan Manuel Serrat


"Para mí lo hace todo bien"
Joan Manuel Serrat

Mi recuerdo de Gardel pasa por mi padre. Él siempre presumía de haberlo conocido cuando coincidieron una noche en cierto local bar­celonés famoso de esos años creo, cuando Gar­del hizo un par de viajes a Barcelona. El local se llamaba Can Pe-rel y estaba situado en la calle Escudi­llen que luego se convirtió en la calle de prostitu­ías más famosa de Barcelona, de las baratas claro, porque las caras siem­pre anduvieron por otros sitios. El local era lo que llamamos hoy café concert. de ese tipo.
Yo la verdad que me lo creí porque me lo contó mi padre que nunca me mintió, ni siquie­ra en cosas importantes, y de verdad que me parece fantás­tico imaginarme a mi padre ha­blando mano a mano con Gar­del, pero yo me lo creo por­que él me lo ha dicho. De Gardel es poco lo que puedo decir porque soy un absoluto ena­morado, para mí lo hace todo bien. Yo si tuviera que elegir los dos más grandes cantan­tes populares que escuché en
mi vida seguramente me quedaría con Carlos
Gardel y el francés Jacques Brel, sin duda. Son los dos que más me han emocionado can­tando en toda mi vida. Hay un fragmento de Cuesta abajo can­tado por Gardel que yo creo que es lo más perfecto que pueda escucharse, no se pue­de cantar mejor que eso. Soy incapaz de separar las cosas, como harían los críticos: para mí Gardel era el sentimiento, la voz, la interpretación, la emoción. El cantar para mí es una conjunción de todas esas cosas. Seguramente lo que menos me importa de un can­tor es la potencia de su voz, me importa mucho más el gusto, me importa mucho más el matiz que la fuerza. Pero es que en
Gardel coincidían todas estas cosas, y para mí, lo único que me falló es verlo en vivo en el escenario, eso debió ser algo formidable, porque verlo en las películas no es exactamente lo mismo.
Yo tengo los discos de Gar­del en 78, en 33 y hasta en discos compactos. No quiero exage­rar, pero creo que tengo abso­lutamente todo lo que se ha editado o gran parte de ello. Escucho siempre sus discos y le acompaño en casa. De tan­to oírlo ya sé donde se para, dónde arranca, dónde hace la inflexión de la voz. Soy un gardeliano auténtico y n o ha de ahora, creo que desde que mi padre me habló de él.
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